No le fue bien al Nápoli de Walter Mazzarri,
que vio cómo el Chievo se puso por delante cuando tan solo habían
transcurrido 12 minutos de partido gracias a un tanto del senegalés
Boukary Dramé, una ventaja que amplió en el minuto 43 el francés Cyril
Théréau, quien, desde dentro del área, logró superar a un indeciso meta
del equipo napolitano, Morgan De Sanctis.
El
uruguayo Edinson Cavani tuvo la oportunidad de volver a abrir el
partido con un penal en el minuto 13 del segundo tiempo tras sufrir
una falta de Dainelli, pero su disparo fue desviado por un atento
Christian Puggioni en la portería de los de Verona.
A Nápoli, que perdió un invicto de 10 partidos, se le cerró el arco por completo: Cavani no anota desde hace 6 partidos, su peor racha en Italia, mientras que el equipo celeste anotó apenas un gol en los últimos 6 partidos, considerando también la Europa League.
Nápoli arrancó al ataque, pero luego de dos minutos Thereau desperdició una chance clara de contra y sobre el cuarto de hora Dramé rompió todos los esquemas con un zurdazo desde casi 30 metros, un torpedo que se clavó a la izquierda del inculpable De Sanctis.
Nápoli, a quien le cuesta atacar ante equipos bien encerrados, se le ponían las cosas complicadas de entrada, así y todo, los celestes hicieron el gasto con orden, pero no lograban cambiar ritmo y por eso casi no produjeron ocasiones de gol, apenas un débil derechazo de Cavani, muy central, y un remate potente pero desviado de Insigne.
En cambio Chievo, que astilló el travesaño con un cabezazo de Paloschi en jugada de tiro de esquina, aceleraba cada vez que reconquistaba el balón, al final de la primera etapa, uno de esos contraataques resultó mortal: Cofie metió el pelotazo largo, Thereau corrió por derecha, la paró muy bien y lo fusiló a De Sanctis con un derechazo cruzado.
En el segundo tiempo, Mazzarri probó a revertir la historia cambiando casi todo, lo sacó a Gamberini para pasar a la defensa a cuatro, luego dispuso los ingresos de Pandev y Armero, pero el resultado de la ecuación jamás cambió.
Cavani, con gran oficio, se fabricó un penal más que generoso, pero no mostró el mismo oficio a la hora de transformarlo en gol: remató central y a media altura y Puggioni, que adivió hacia que lado lanzarse, atajó con suma facilidad.
Cavani tuvo otra, una volea de derecha potente pero central,
Nápoli presionó con todo pero nunca pudo quebrar el cerrojo defensivo
del local y, en el final, el equipo pareció resignado a su destino.
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